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domingo, 1 de septiembre de 2019

TEMOR OBSESIVO A QUE LE PASE ALGO MALO A MI FAMILIA

Uno de los pensamientos intrusivos que padecen las personas con trastorno obsesivo compulsivo es la idea recurrente y obsesiva de “que le suceda algo malo a su familia”. Dentro de este espectro, a veces el temor obsesivo es con la figura de la madre, el padre o alguno de los hermanos. El obsesivo tiene temor que una desgracia, un accidente, una enfermedad, la muerte, le acontezca a la madre, al padre o alguno de los hermanos.
Estudiando la psicología de la persona con carácter psicológico obsesivo, o aquella que padece de un toc, comprobamos que la ambivalencia afectiva hacia los miembros de su familia, es origen y causa de variados sentimientos de culpabilidad. La ambivalencia afectiva de amor y odio se aprecia mas claramente en el trastorno obsesivo ya establecido como síntoma. Y es una de las causas por las cuales el obsesivo se tortura. Le invaden pensamiento de accidentes, muerte de sus seres queridos que le hacen sentir enorme angustia y malestar. El psicoanálisis de un toquiano nos muestra cómo la ambivalencia afectiva queda establecida desde la temprana infancia a consecuencia del mecanismo de los celos. El toquiano establece fuertes lazos afectivos y sexuales hacia una o varias de sus figuras familiares bajo un importante sentimiento inconsciente de posesión y adueñación que le hace vivir de manera inconsciente una relación con el padre, la madre o los hermano de aceptación y rechazo para no ser consciente de sus deseos amoroso o sexuales, causa de su trastorno obsesivo. Tras el pensamiento obsesivo de temor a que algo pase, se esconde una reacción emocional propia del mecanismo de los celos: el odio y la agresividad. Celos que pueden ser inconscientes y la fuente de procedencia, la mas temprana infancia o adolescencia, algo que el toquiano o el obsesivo desconoce que padece. Por lo tanto se esconde el deseo de que les suceda algo malo como modo de eliminación del rival. Cuando el temor está muy localizado en la figura de la madre, padre o hermanos, esconde el deseo de muerte o aniquilación del otro pero como rival. El padre es un rival para el toquiano, así como los hermanos, pero como la ambivalencia sexual del obsesivo es bisexual podemos ver que los sentimentos homosexuales que están latente en él o ella también influyen en los deseos de desaparición del que para el toquiano es su rival. Una fijación sexual hacia el padre, hace desear la desaparición de la madre y al contrario. 
En el toc, propiamente desarrollado, el sentimiento de temor, también es el desplazamiento disfrazado de pasiones, deseos sexuales que se originaron en la temprana infancia pero que el toquiano desconoce. Dicho desplazamiento supone un modo de resistencia, disfraz para que dichos deseos inconsciente no aparezcan en la conciencia. Sabemos que cuanto mas absurdo sea un pensamiento o mas capte la atención de la conciencia, mas desvía su atención de otros pensamientos, deseos o afectos verdaderamente importantes que el toquiano, desconoce y que no está dispuesto a admitir.

domingo, 8 de marzo de 2015

Cómo funciona nuestra mente. El trastorno obsesivo compulsivo Toc

MECANISMO DE OBSESIONES Y FOBIAS


“Una muchacha padecía el temor de verse atacad de incontinencia de orina desde que un vehemente deseo de orinar la había obligado a abandonar en una ocasión un teatro durante un concierto. Esta fobia la había incapacitado poco a poco para toda vida social. Sólo se sentía tranquila cuando sabía tener próximo un w.c. al que poder llegar disimuladamente. No existía en ella vestigio de enfermedad orgánica que pudiera justificar sus temores. Hallándose en su casa, entre sus familiares, no experimentaba jamás el temido deseo ni tampoco durante la noche. Un detenido examen psicoanalítico descubrió que dicho deseo le había cometido por primera vez en las siguientes circunstancias: en la sala de conciertos se hallaba sentado cerca de ella un caballero que no la era indiferente. Al verle comenzó a pensar en él y a imaginarse haciendo el amor, ser su mujer y estar sentada a su lado. Durante esta fantasía experimentó una sensación que en las mujeres hemos de comparar a la erección masculina y que en su caso, terminó con un ligero deseo de orinar. La referida sensación sexual, habitual en ella, la asustó en esta ocasión porque ya en otra ocasión similar se había hecho el firme propósito de combatir sus deseos sexuales e inmediatamente, transfirió este deseo al deseo de orinar y que la hizo, tras una penosa lucha, abandonar la sala. Esta joven, a quien toda realidad sexual horrorizaba, no concebía que pudiera casarse algún día ni tener relaciones sexuales con un hombre. Por otro lado, padecía de una hiperestesia sexual (anestesia o falta de sensibilidad en los genitales) y cuando se abandonaba a imaginar algo parecido a lo sucedido en el teatro, experimentaba una ligera excitación en sus genitales que la conflictuaba moralmente. El deseo de orinar le había aparecido más de una vez, tras el pensamiento fugaz de una fantasía sexual pero que nunca había recaído en ello hasta el día del concierto. La idea de ceder sexualmente con un desconocido, la produjo dicho conflicto moral.”
“Una mujer joven, casada que en cinco años de matrimonio había tenido un hijo, se quejaba de sentir un impulso obsesivo de arrojarse por el balcón y que a la vista de un cuchillo, se apoderaba de ella el miedo a verse impulsada a cogerlo y matar con él a su hijo. En su tratamiento psicoanalítico confesó que sólo muy raras veces practicaba el sexo con su marido y siempre con miedo y precauciones para evitar un nuevo embarazo, añadiendo además que no la disgustaba no tener sexo porque era una mujer de naturaleza poco sensual. Sin embargo, en su psicoanálisis, pudo verse que a la vista de otros hombres, surgían en ella fantasías eróticas que le había llevado a perder la confianza en sí misma, viéndose como una mujer degradada y capaz de cualquier acción sexual. Esta sinceridad por parte de la paciente, la llevó a confesar que su vida sexual y matrimonial era miserable pero que se lo ocultaba y se autoengañaba. Esto llegó a decirlo después de admitir que durante el día tenía sensaciones penosas de que “algo le entraba por debajo de la falda”

En estos  y otros casos, que cursan con fobia y obsesiones repetidas, admitimos que la representación obsesiva (en un caso temor a orinarse y en el otro el miedo a tirarse por el balcón o matar con un cuchillo a su hijo) sirven para alejar a la conciencia de los deseos sexuales que la persona experimenta pero que no admite en su conciencia, siendo así que la obsesión, cuanto más asusta a la persona, más oculta, “despista” y enmascara a la conciencia de la proveniencia o fuente del deseo o fantasía sexual. (continuará)

domingo, 1 de marzo de 2015

¿ES POSIBLE VOLVERSE LOCO CON EL TOC?

Representaciones intolerables en la conciencia, tratando con esfuerzos para rechazarlas, dominarlas y no pensar en ellas. No podemos decir que tal esfuerzo de la voluntad o conciencia por expulsar del pensamiento algo determinado sea patológico, lo que podemos confirmar es que las representaciones obsesivas no dejan de ser el producto de un conflicto entre las representaciones que aparecen en la conciencia y el esfuerzo que la persona hace por separarse de ella.
Sin embargo, lo que si nos parece patológico es el esfuerzo continuo y permanente de la voluntad para tratar de controlar dichos pensamientos que se imponen en la conciencia. El camino que se produce desde que aparecen los pensamientos o representaciones obsesivas hasta la incapacidad que la persona refiere tener con respecto a las mismas se puede explicar así: el “yo” o la conciencia se plantea como no bien recibido la representación intolerable pero el sentimiento de angustia, miedo, duda, ansiedad, temor que aparece junto a ella una vez que aparece, no puede desaparecer y el yo, debe buscar una solución y lo que trata por un lado es de debilitar la representación o pensamiento indeseable y disminuir el sentimiento que dicho pensamiento produce al “yo”.
De lo que se trata es de debilitar por lo tanto el afecto que aparece junto a la representación intolerable para la conciencia. El “yo” utiliza un falso enlace que hace que la representación o el pensamiento se vuelva obsesivo, hasta que se agota o hasta que se representa en la realidad ( limpieza, rituales, etc…) . Hablamos de una representación obsesiva y un afecto que va unido a ello. El afecto, siempre proviene de un deseo sexual infantil reprimido que se une a un pensamiento y de este modo, accede y se manifiesta en la conciencia. El deseo sexual infantil reprimido, por ser inconsciente, no puede alcanzar la conciencia sino pagando un precio: debe ser deformado en lo más posible para “despistar” a la conciencia. La angustia, el temor, el miedo que se asocia a su vez sirve para apartar de la conciencia cualquier pista que pueda dar cuenta del verdadero deseo que quiere hacer su aparición en estado puro. Por ejemplo: un paciente tiene miedo a  matar a la familia con un cuchillo. Tras ese “aparente deseo asesino” se esconden unos celos que despertaron sus padres en él cuando los vio yacer juntos en la cama y cuando tuvieron a su primer hermano. La rabia, el odio, el sentimiento de abandono que le produjeron varias de las situaciones vividas, le hizo sentir unos celos que esconden su verdadero amor y pasión hacia sus padres y hermano y que no lo tolera. El psicoanálisis de este síntoma consistió en hacer que el paciente poco a poco aceptara los deseos bisexuales que tenía hacia sus padres y así mismo, aceptara el sentimiento de rechazo que le había producido el nacimiento de su hermano. Aceptado esto, el síntoma remitió completamente.
Es evidente por la manifestación de los pacientes que el esfuerzo de la voluntad, la tentativa de defensa contra la representación intolerable surgió cuando el esfuerzo de la voluntad parecía haber alcanzado su intención. “ Una vez me sucedió algo muy desagradable y me propuse con todas mis fuerzas apartarlo de mi imaginación y no pensar en ello. Por fin lo conseguí; pero entonces surgió esto que ahora me pasa y de lo que no he conseguido librarme.” No todas las personas con representaciones obsesivas ven tan claramente el origen de las mismas. Cuando intentamos mostrar al paciente que lo que le sucede tiene que ver con su sexualidad infantil reprimida, suelen decir: “No, eso no tiene nada que ver con lo que me pasa, nunca pensé mucho en ello”. Esta negación tan rotunda, constituye una prueba de que la representación obsesiva es una sustitución o subrogado de una representación sexual intolerable y cuya aparición disfrazada de obsesión ha aparecido en la conciencia ( continuará)


martes, 16 de diciembre de 2014

LOS TEMORES DEL OBSESIVO

El temor posiblemente sea unos de los afectos que mas muestra el obsesivo. Así como la duda, el temor que el obsesivo padece suele estar desplazado a las compulsión a repetir o a ritualizar, bien actos o pensamientos. Esto quiere decir que en cada nueva obsesión que aparece, el temor siempre es el mismo. No significa que cada nueva obsesión produce un nuevo temor, sino que el temor se desplaza, se une, se pega a cada nueva obsesión. De ahí que el psicoanálisis analiza por separado el temor de la obsesión pues aunque el obsesivo lo traen juntos, debe ser analizado de manera independiente. El mismo mecanismo de los sueños, donde el sueño y el afecto experimentado, deben ser analizados por separado, con el temor y la obsesión sucede lo mismo.
Lo mas antiguo en el obsesivo es el temor. Quiere esto decir que este afecto ya lo padecía de manera consciente o inconsciente antes de que el mecanismo de formación de síntomas obsesivos apareciera en el obsesivo. Para entender el temor, debemos remontarnos a la prehistoria del niño. El temor y la inseguridad, se desarrollan frente a la separación del complejo materno. Cuando entra en escena algo o alguien que separa al niño de la madre, la angustia de separación es fundamento del temor a la pérdida del objeto materno. Por un lado tenemos el temor a la pérdida o la separación y a su vez tenemos el temor que el niño experimenta hacia aquel que lo separa de la madre. La figura paterna. El temor del obsesivo debe analizarse desde la angustia a la separación- de ahí su dificultad para emprender acciones nuevas- y frente a la figura paterna. Hay un temor moral que guarda relación con el temor al castigo en relación a los sentimientos de culpabilidad y del que hablaremos en próximos artículos. El temor a la separación es más antiguo que el temor al padre y este por orden de antigüedad, anterior al temor al castigo desde la culpa moral.

Cuando hay temor a la separación, los síntomas en el toquiano producen un grado de inmadurez tal que la persona huye del mundo y se aparta de todo aquello que pueda separarlo de las figuras parentales. En este tipo de toc, el obsesivo vive muy apegado a la figura materna y se puede observar cómo los lazos amorosos infantiles siguen vigentes en la etapa actual sin haber sufrido modificación laguna desde que se generaron en su etapa infantil. ( continuará )

domingo, 7 de diciembre de 2014

CLAVES PARA ENTENDER EL TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO TOC

Las personas que padecen un trastorno obsesivo compulsivo (TOC), padecen de la duda continua. La duda lleva a la angustia, al temor y a la realización del ritual bien de manera física o mental.
El psicoanálisis descubre en este tipo de síntomas que de lo que padece el obsesivo es un temor a un encuentro con tres significantes ante las cuales, plantea sus dudas. Nos referimos al Padre, la Mujer y la Muerte. En torno a este triángulo, se halla establecida la compleja trama estructural de la neurosis obsesiva. Padre, mujer y muerte, remiten a la sexualidad del obsesivo. Su trastorno obsesivo comenzó a gestarse en la infancia o adolescencia, cuando frente a su comienzo sexual, aparecieron dichos significantes y que le hicieron quedarse detenido en un comienzo donde avanzar es lo que mas le cuesta al obsesivo. El obsesivo, frente a la palabra Padre, reacciona de manera inconsciente construyendo un padre castigador, porque en su fuero interno, el obsesivo a deseado y amado en demasía a la madre. Sabe de ello de manera inconsciente y teme a agresión del padre. Cuando el padre brilla por su ausencia, el obsesivo necesita de un orden, una ley interna que detenga sus deseos sexuales infantiles hacia la madre. El castigo, la tortura permanente que padece el obsesivo guarda relación con la insistencia del deseo sexual incestuoso, que garantiza a la vez la existencia de su deseo pero a la vez el castigo por el mismo. La Mujer, en el caso del hombre sería una salida al Edipo siempre y cuando el obsesivo pueda incluir la palabra mujer en su estructura psíquica. Incluir la mujer, así como incluir la palabra padre, supondría un corte para el obsesivo donde interrumpido el circuito del goce incestuoso, entraría en el campo del deseo, por lo tanto de la mortalidad, de lo humano. El obsesivo mantiene un pulso al padre, excluye en lo posible la palabra mujer y de incluirla, siempre para él es la figura de la madre. Esto le hace vivir eterno, porque el obsesivo de algo se dio cuenta y es que intuye que incluir la palabra padre y la palabra mujer, le hace mortal, por lo tanto humano y es de lo que huye aunque también es lo que desea. Este ir y venir, este salir y esconderse es el laberinto en el cual todo obsesivo se haya. Bien sea el obsesivo mujer u hombre, ambos deben analizar los significantes de padre, mujer y muerte, porque en su articulación se haya las claves de su curación. Miguel Martínez. Médico Psicoanalista. Tfno. 667.518.809





domingo, 2 de noviembre de 2014

LA MUERTE DEL PADRE PARA EL OBSESIVO


En el desarrollo del complejo de Edipo, tanto en el varón como en la hembra, la figura que viene a separar al niño de la madre, es el llamado tercero o nombre del padre. En todo obsesivo podemos encontrarnos que la figura del padre puede estar desde muy idealizado, pasando por la indiferencia hasta el  odio mas encarnizado. En ningún de los tres casos el padre del que habla es el padre real, sino un padre imaginario, construido a trozos entre el concepto de padre que la madre tiene y la vivencia que de este concepto de padre materno tiene el obsesivo. El obsesivo vive y se relaciona con “fantasmas” de ahí que toda su realidad sea más imaginaria que real. Esto quiere decir que su realidad interior siempre gira en torno a la relación amor/odio paterna y materna. El obsesivo vive en permanente crítica hacia el modo de ser de la madre y del padre. Tras sus obsesiones se esconden su deseo sexual reprimido hacia dichas figuras. Deseo del cual no quiere saber y bien sabe de ello sin saber pues la trama de sus síntomas, basado en sus rituales o pensamientos obsesivos son siempre un disfraz para desviar la mirada de aquello que tanto goce y deseo le produjo o le produce. Podemos decir que el obsesivo disfraza su deseo para no darse cuenta de lo que desea o porqué desea sin saber que desea.

Cuando un obsesivo trabaja la relación  inconsciente que tiene con la figura de los padres y va comprendiendo que lo que es odio esconde un deseo, comienza a mejorar de una manera espectacular. Cierto es que el obsesivo tiende a huir, a negar, a no aceptar. De ahí que el tratamiento del obsesivo requiera una constancia en el tiempo mayor que otro tipo de neurosis. Lo que es cierto es que el obsesivo llega un momento donde comienza a decir que sí a sus deseos y a darse cuenta que desear, odiar, amar, son parte de su estructura y van a seguir formando parte de sí pero desligado de sus “fantasmas” y con perspectivas futuras de ligar su energía sexual a otros objetos de la realidad que no sean sólo los objetos amorosos de su infancia.